
El hombre es un ser que en su terreno peregrinar busca la perfección, siendo una creatura coeterna con el creador, no cesa de buscar su lugar en medio de la realidad, pues percibe que no sólo vive y que está presente, que es, sino que está llamado a permanecer y a desplegarse.
Aunque su consideración de lo que es perfecto, de lo verdadero, de lo real; es sólo un reflejo de Ser, se deja iluminar por esa luz y siguiendo ése impulso se lanza en la búsqueda de una realidad auténtica que lo acerque cada vez más a lo esencial y eterno que lo ha marcado y que lo hace identificarse con la eternidad.
La perfección a la que aspira el hombre es imperfecta, ya en sí misma, porque siempre va a ser limitada, pero se puede ir perfeccionando siempre y cuando reconozca dónde está la verdadera perfección.
Pues siendo humano está marcado por la humanidad que frágil y limitada no puede volar hacia lo eterno, sino que necesita ayuda para elevar su mirada y reconocer que por más perfecto que le pueda parecer una realidad, es sólo reflejo de lo verdaderamente perfecto que posee la perfección eterna.
La esencia y la respuesta está en el propio hombre, en el acto sincero y sencillo de darse cuenta que tiende al creador y que de Él mana la fuerza, la certeza y la confianza de que vive en la plena realidad según lo que es y para lo que fue creado.
Hna. Johanna Merchán
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